
En la carrera por la adopción de la Inteligencia Artificial (IA), la mayoría de las empresas se han centrado en «cómo» usar los modelos existentes (como GPT-4 o Claude), pero pocas han masterizado el «con qué». La realidad es contundente: un modelo de IA es tan bueno como los datos con los que se entrena. Si intentas alimentar una sofisticada red neuronal con datos operativos crudos, desorganizados y erróneos, obtendrás predicciones inútiles y estrategias de marketing defectuosas.
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