
El comercio electrónico ha evolucionado drásticamente desde los días de los simples catálogos digitales con filtros de búsqueda. Durante más de dos décadas, el modelo imperante ha sido puramente reactivo: el usuario entra, busca un producto, lo añade a la cesta y paga. Sin embargo, en un mercado saturado donde la atención del consumidor es el recurso más escaso, esperar a que el usuario haga todo el trabajo genera fricción, abandono y pérdida de ventas.
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